Asociación Nacional de Técnicos Superiores en Dietética – TSD

El azúcar en la infancia: entenderlo para elegir mejor

Grupo de Especialización en Nutrición Infantil de ASNADI.
Autoras: Laia Vasco Muñoz, Marta Mesa Luque. Coordinación, revisión y edición final: Beatriz Hernández Navas

Introducción

El azúcar está presente en la alimentación infantil mucho más de lo que creemos. Desde el desayuno hasta la merienda, muchos productos dirigidos a niños y niñas, como cereales, galletas, yogures o zumos, contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, a menudo camuflados bajo otros nombres.

Aunque en pequeñas cantidades puede formar parte de una alimentación equilibrada, un consumo habitual y excesivo de azúcar en la infancia puede tener consecuencias reales para la salud, tanto a corto como a largo plazo: desde caries, sobrepeso u obesidad infantil hasta alteraciones en los hábitos alimentarios o problemas metabólicos.

Este artículo busca ofrecer una visión clara, actualizada y práctica sobre el papel del azúcar en la alimentación infantil, para que familias, educadores y profesionales sanitarios puedan tomar decisiones informadas y responsables.

¿Qué es el azúcar? Tipos y diferencias
El término “azúcar” se refiere a los hidratos de carbono de sabor dulce que pueden encontrarse de forma natural o añadirse a los alimentos.
Tipos principales:
  • Azúcares intrínsecos: son los que se encuentran de forma natural en alimentos como frutas, verduras y leche. Forman parte de la matriz del alimento y se acompañan de fibra, agua y micronutrientes.
  • Azúcares libres o añadidos: incluyen:
      – Los añadidos por el fabricante, cocinero o consumidor.
      – Los presentes en zumos, concentrados y siropes, aunque procedan de frutas.
      – Ejemplos: azúcar blanco, azúcar moreno, miel, jarabe de maíz, sirope de agave, etc.
No todos los azúcares tienen el mismo impacto sobre la salud. Los azúcares intrínsecos presentes en frutas enteras o verduras no se asocian, en el contexto de una alimentación saludable, a efectos perjudiciales. En cambio, un consumo elevado de azúcares añadidos sí se relaciona con diferentes problemas de salud.
¿Cómo identificar el azúcar añadido en el etiquetado?
Aunque la legislación europea todavía no exige diferenciar claramente los azúcares añadidos de los naturales en la tabla nutricional, sí es posible identificarlos revisando la lista de ingredientes.
Claves para detectarlos:
  • Pueden aparecer como: azúcar, glucosa, sacarosa, jarabe de maíz, miel, melaza, fructosa, dextrosa, etc.
  • Cuanto más arriba aparezcan en la lista de ingredientes, mayor será su cantidad en el producto.
  • Expresiones como “sin azúcares añadidos” solo indican que no se han incorporado durante el procesado, pero el producto puede contener azúcares libres de forma natural, como ocurre en algunos zumos.

Consejo práctico: En productos procesados, revisa especialmente la lista de ingredientes y prioriza aquellos sin azúcares añadidos o donde el azúcar no aparezca entre los primeros ingredientes. La cantidad total de “azúcares” en la tabla nutricional puede incluir también azúcares naturalmente presentes, como la lactosa de los yogures o los de la fruta.

Como orientación general, algunos sistemas de perfil nutricional consideran bajo contenido en azúcares menos de 5 g por cada 100 g en alimentos sólidos. Sin embargo, este dato debe interpretarse con cautela, ya que la tabla nutricional no diferencia entre azúcares naturalmente presentes y azúcares añadidos.

Consecuencias del consumo excesivo de azúcar: corto y largo plazo
El consumo elevado de azúcares añadidos en la infancia puede tener implicaciones relevantes para la salud, ya que puede afectar tanto al desarrollo físico como emocional del niño o la niña y sentar las bases de problemas de salud en la vida adulta.

A corto plazo:

1. Alteraciones en el comportamiento y la atención
Aunque existe la percepción de que el azúcar provoca hiperactividad o problemas de atención, los estudios científicos no han demostrado una relación causal clara en la mayoría de niños. Aun así, algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre un elevado consumo de productos azucarados y determinadas alteraciones del comportamiento o del estado emocional, aunque estos efectos también pueden estar influidos por otros factores del estilo de vida, entorno y contexto.
2. Problemas digestivos
El exceso de alimentos ultraprocesados ricos en azúcares puede desplazar la ingesta de fibra y otros nutrientes esenciales, favoreciendo el estreñimiento y otros problemas digestivos.
3. Caries dentales
El azúcar es el principal sustrato de las bacterias responsables de la caries dental. Su consumo frecuente, especialmente acompañado de una higiene bucodental deficiente, aumenta notablemente el riesgo de caries desde edades tempranas.
4. Hábitos alimentarios desequilibrados
Los alimentos ricos en azúcares suelen ser muy palatables y fáciles de consumir en exceso, lo que puede desplazar el consumo de alimentos saludables como frutas, verduras o legumbres. Además, puede favorecer un mayor consumo energético al tratarse de alimentos muy palatables y de baja capacidad saciante.
A largo plazo:
1. Mayor riesgo de obesidad infantil y adulta
Un consumo elevado y mantenido de azúcar favorece un exceso calórico que, junto con el sedentarismo y otros factores, puede contribuir al desarrollo de sobrepeso y obesidad infantil.
2. Desarrollo precoz de enfermedades metabólicas
El abuso de azúcar desde edades tempranas puede alterar la sensibilidad a la insulina y favorecer problemas como resistencia a la insulina, síndrome metabólico o diabetes tipo 2.
3. Riesgo cardiovascular futuro
Una alimentación rica en azúcares refinados, especialmente procedentes de bebidas azucaradas, se asocia con un peor perfil lipídico y mayor riesgo cardiovascular a largo plazo.
4. Asociación con problemas de salud mental
Algunos estudios han observado una relación entre un elevado consumo de azúcar y mayor riesgo de síntomas de ansiedad, bajo estado de ánimo o depresión. No obstante, la relación es compleja y todavía continúa investigándose.
Patologías asociadas al consumo excesivo de azúcares añadidos

El consumo frecuente de azúcares añadidos, especialmente a través de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diferentes problemas de salud durante la infancia y adolescencia.

A continuación se resumen las principales áreas implicadas:

Área de salud Posibles efectos asociados
Salud bucodental Caries dental.
Estado ponderal y composición corporal Sobrepeso y obesidad infantil, así como mayor riesgo de obesidad en la edad adulta.
Salud metabólica Alteraciones metabólicas como resistencia a la insulina, síndrome metabólico y mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Salud cardiovascular Alteraciones del perfil lipídico y aumento del riesgo cardiovascular a largo plazo.
Calidad global de la dieta Peor calidad global de la dieta y desplazamiento de alimentos nutricionalmente recomendables.
Bienestar y salud psicosocial Posible asociación con alteraciones del sueño, del estado de ánimo y del bienestar emocional.
La infancia y la adolescencia son etapas especialmente sensibles, tanto por el desarrollo metabólico como por la consolidación de hábitos alimentarios que pueden mantenerse en la vida adulta.
Recomendaciones oficiales: ¿cuánto es demasiado?
Actualmente, la mayoría de niños y niñas consumen más azúcar del recomendado, muchas veces sin ser conscientes de ello. Productos como cereales de desayuno, galletas, yogures azucarados, zumos o productos dirigidos específicamente al público infantil suelen contener cantidades elevadas de azúcares añadidos.
Recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud)
  • Los niños y niñas mayores de 2 años deberían consumir menos del 10% de la energía diaria en forma de azúcares libres.
  • La OMS señala que reducir esta cantidad por debajo del 5% podría aportar beneficios adicionales para la salud.
De forma orientativa, esto equivale aproximadamente a:
  • Entre 15 y 25 g diarios de azúcar añadido (unas 3–5 cucharaditas), dependiendo de la edad, actividad física y necesidades energéticas.

Es importante recordar que esta cantidad incluye no solo el azúcar añadido a alimentos y bebidas, sino también el presente en miel, siropes, jarabes y zumos.

En menores de 2 años, organismos como la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomiendan evitar completamente los azúcares añadidos. Durante esta etapa, las preferencias alimentarias y el desarrollo del gusto están todavía formándose.

Conclusiones:

Los azúcares presentes de forma natural en alimentos como la fruta fresca o la leche no se consideran azúcares añadidos y pueden formar parte de una alimentación saludable y equilibrada.

La evidencia científica actual no apunta a la necesidad de prohibir o demonizar alimentos concretos, sino a reducir el consumo habitual de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, favoreciendo un patrón alimentario global basado en alimentos frescos, variados y poco procesados.

En este contexto, más que aprender a “evitar el azúcar”, el objetivo es ayudar a niños, niñas y familias a desarrollar una relación saludable, consciente y equilibrada con la alimentación, entendiendo que los hábitos construidos durante la infancia pueden influir en la salud y en la forma de relacionarse con la comida a largo plazo.

BIBLIOGRAFÍA:

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